Pelé en el adiós de Rivilla

A los de mi quinta y aledañas nos ha cogido a contrapié la noticia de que Pelé ya es octogenario. Y con mala salud. Nos basta cerrar los ojos para volver al tiempo en que supimos de él cuando deslumbró en el Mundial de Suecia con 17 años. El verano siguiente el Santos hizo una gira deslumbrante por España y él seguía teniendo 17 años. Entre nosotros tuvo 17 años durante algún tiempo, porque eso reforzaba sus prodigios.

Aquel verano de 1959 empezó por el Bernabéu, donde jugó el homenaje a Muñoz. Pelé y Di Stéfano frente a frente. Marcó un golazo e hizo cosas mágicas, Di Stéfano no marcó, pero el Madrid ganó 5-3 y el comentario final fue que “el Santos juega para Pelé y Di Stéfano juega para el Madrid”. Luego jugó el Teresa Herrera, inauguró el Trofeo Naranja (y marcó el primer gol) y amistosos en el Camp Nou y el Villamarín. En total, seis partidos y 10 goles. Fue el comentario del verano, algo así como el paso de un cometa Halley por la limpia noche veraniega.

Volvería otros veranos. Quien quiera detalle de ello lo puede encontrar en un estupendo trabajo de Sergio Galán en la revista oficial de CIHEFE. Como único grande que nunca fichó por un club europeo, era una baza cara pero segura en los torneos veraniegos, así que su presencia se extendió hasta 1974. Ese año jugó el Carranza, compartiendo con Cruyff la condición de gran reclamo del cartel, y se nos despidió en La Romareda, en un partido con la singularidad de que Iselín Santos Ovejero, aquel central excesivo, derribó una portería en un despeje acrobático. Sus compañeros se lo agradecieron, porque mientras se reparaba el destrozo todos pudieron hacerse la preceptiva foto con Pelé.

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